Coberturas, Destacados, Fotos, Triatlón

Cancún por dentro


La noche comienza a caer en Cancún. La brisa nos da un poco de calma y las nubes parecen estar acompañadas de agua. Aquí hace dos meses que no llueve. Los turistas, felices, aprovechan los 22 kilómetros de playa.

Cancún se mueve al ritmo de los norteamericanos. La mayoría de los turistas provienen del país vecino. Parecen de clase media acomodada. Se alojan en algunos de los numerosos hoteles que rodean la Avenida Kukulcan, en sus 30 kilómetros de extensión.

Aquí el turista llega con un paquete cerrado que incluye todos los servicios. Cualquier extra, (excursiones, spa, Internet) se cobra aparte. El precio de una habitación puede estar desde los 75 dólares por persona por día, si se busca bien y con tiempo, en temporada baja, como ahora.

Los negocios de Cancún esperan a los visitantes con los brazos abiertos. La moneda corriente es el dólar. Todavía no pude tener claro cuanto es un peso mexicano, algo de 14,50, pero todo, absolutamente todo, esta en precio dólar.

Están todas las marcas. En las tiendas se puede ver Armani, Versalle, Luis Vuitton, Hugo Boss, la perfumería y joyería Luxury Avenue, Oakley entre otras.

Los norteamericanos se divierten de una forma extraña. Se la pasan todo el día acodados en una de las barras, dentro de la pileta, bebiendo Cerveza, Margaritas y Cuba Libre. Desde las 9 de la mañana, hasta que de el cuero.

La barra sirve de punto de reunión y genera amistad. Mujeres y hombres al mismo ritmo. Uno vaso tras otro es retirado por el amable cantinero. La licuadora no tiene respiro.

Entre tanto, para cambiar el gusto, un cigarro. Una hamburguesa también sirve para hacer más daño. Sus cuerpos son muy similares. Obesos, con poco pelo o pelados, tatuajes, y su dialecto es muy cerrado, prácticamente inentendible. Pero ellos se divierten.

A nuestro tema
Luego de un largo viaje, con partida a las 11:30, toqué suelo mexicano a las 2. Aquí hay dos horas menos que en Buenos Aires. A la media noche, el termómetro marca 28ºC. Un aviso de que durante el día la cosa esta peor.

Hay que aprovechar al máximo la jornada. Es difícil llegar hasta acá y difícil saber cuando volveré. Por eso a las 7 ya estaba armando la bici. Un buen desayuno y a la ruta. La excusa es un triatlón, y hay que ajustar los detalles.

La ruta para pedalear es ideal. Completamente llana, asfalto perfecto, sin subidas y hasta recubierta por árboles en la mayoría del trayecto. Pero el calor… ¡uf!… En un momento paré para disfrutar del bellísimo paisaje que me regalaba la bahía. Pero no soporté el calor. Chorreaba agua. Decidí volver a rodar y que el viento me diera un poco de refrigeración. El Gatorade calmaba un poco el fuego interior.

No vi gente por la ruta. Si había movimiento en el hotel oficial Fiesta Americana. Allí pasé a saludar a unos amigos que estaban llegando. Por allí se escabullía una enorme lagartija. Aquí están por todos lados y resultan muy amigables.

Para mañana se espera un poco más de movimiento y olor a triatlón. Estaré detrás de él. 🙂

Marcelo La Gattina

Director Digital de TRIAMAX. Webmaster, emprendedor, techie, fotógrafo deportivo en SoyFinisher, ex triatleta y a veces runner. Twitter @juannito / Linkedin

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

X

Send this to a friend