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A 15 años del mundial de duatlón


Por primera vez en la historia en Cancún, México, se realizaron los Campeonatos Mundiales de Duatlon y de Triatlón con apenas una semana de diferencia.

El primer fin de semana fue el de duatlón donde participaron más de 800 duatletas de todo el mundo. Todos los diarios de México hablaban del evento, pero especialmente destacaban que se estaba ante un hecho que sería histórico: el británico Spencer Smith, por entonces una gran figura del triatlón mundial, era el gran candidato a ganar los dos eventos y transformarse de esa manera en el primer atleta en ganar en un mismo año y con solo una semana de diferencia, los dos máximos títulos mundiales de la ITU por aquel entonces.

En silencio, sin demasiadas expectativas hacia afuera pero con mucha “hambre de gloria” y con el “ojo del tigre” al máximo, se anotó en esa prueba Oscar Galíndez, de solo 24 años.

No estaba solo. Lo acompañó un nutrido grupo de argentinos. Habíamos llegado hasta Cancún a disfrutar de ambos eventos.

En el duatlón, ese caluroso y radiante 5 de noviembre de 1995, además Spencer Smith, había otros nombres fuertes, varios europeos especialistas en duatlón como un tal Norman Standler, campeón defensor.

A correr como nunca… comi siempre.
Los primeros 10 kilómetros de pedestrismo, se había formado un pelotón de unos 20 atletas. Entre ellos estaba Oscar. Nos había repetido hasta el cansancio en las horas previas que su participación en la prueba sería solo como un “puesta a punto” para su gran objetivo que era el Mundial de triatlón, una semana más tarde.

Pero Oscar es Oscar, y quienes lo conocíamos sabíamos que una vez en el ruedo era “torazo en rodeo ajeno”.

Comenzados los 40 kms de ciclismo, 20 de ida y 20 de vuelta sin drating. Tuvimos que seguir las alternativas de la prueba por las trasmisiones radiales…

Empezamos a escuchar que Spencer Smith, el candidato de todos, estaba en punta. Pero que era perseguido de cerca por 2 o 3 duatletas…

Y de repente, por los altoparlantes, nombraban a mencionar cada vez con mayor frecuencia un apellido que no figuraba en los planes de nadie: OSCAR GALINDEZ, EL ARGENTINO.

Primero, que marchaba detrás de Spencer Smith, después que le había dado alcance, y en los 20 kilómetros de regreso…. que lo había superado “como parado” y que se escapaba solo.

La sorpresa en la zona central de la prueba era general y la alegría de los pocos argentinos que estabamos esa mañana de Domingo, ¡¡indescriptible!!

De repente, otro golpe: se confirmaba que Spencer Smith a había abandonado la prueba. Supuestamente era por problemas en su bici, pero para quienes algo sabíamos, era evidente que se había dado cuenta que no podría alcanzar más a Oscar.

Llegada inolvidable.
Ante la ovación de los mexicanos y el delirio de los argentinos, Oscar llegó a la transición y salió a correr los últimos 5 kilómetros de pedestrismo en absoluta soledad.

Atrás, muy atrás ¡más de 3  4 minutos!, fue llegando el resto. Oscar, impulsado por ese espíritu, esa garra y ese coraje que solo él sabe ponerle a sus pasos en el pedestrismo, recorrió esos 5 kms transpirando gloria y sudando historia: sabía que estaba a las puertas de escribir la más gloriosa página de la historia del Triatlón argentino.

Para los que estábamos ahí, esos 5 kilómetros fueron i-n-t-e-r-m-i-n-a-b-l-e-s. Pero Oscar no dejó dudas, corrió como nunca y como siempre. Y llegó a la meta “regulando” y sin que su triunfo estuviera en peligro en ningún momento.

Bramaban por los altoparlantes las voces de los relatores. Y era así: no solo Oscar fue el primer argentino en ganar un titulo del mundo, sino que también fue el primer latinoamericano en hacerlo, lo que significó una gran y sincera alegría y reconocimiento de parte de los latinos.

Tuve un pequeño pero íntimo orgullo: fui el primero en abrazar a Oscar después que cruzó la meta. Un abrazo que para mi duró una hora. Tenía lágrimas en los ojos, pero a pesar de ello – no se a ciencia cierta hasta hoy- como pude seguir sacando estas fotos.

Oscar estaba como si hubiera llegado de un entrenamiento pero contenidamente eufórico. Y así empezaron a llegar más abrazos, más lágrimas, más emoción.

La fuerza de Río Tercero
Las notas para la prensa que se atiborraba para tener la palabra del nuevo monarca del duatlon del mundo. Un hecho no muy conocido que engrandece aún mas aquella hazaña: dos días antes – el 3 de Noviembre de 1995 – se había producido en Río Tercero – ciudad de residencia de Oscar y su familia por aquellos días – la tristemente célebre “voladura de los arsenales de la fábrica militar”.

Oscar estaba muy pero muy preocupado por eso ya que sus padres vivían a pocas cuadras de la fábrica. Lo recuerdo en la sala de embarque en Ezeiza mirando los monitores de TV con mucha tensión y mucha ansiedad. Lo que mostraba la TV era preocupante, y para cualquier atleta de elite esto le hubiera bastado – con lógica razón – para “bajonearse” o ” desmoronarse”. Pero para Oscar, todo obró como un disparador para sacar fuerzas de la adversidad.

Más notas, más grabadores y micrófonos. No eran días de Internet ni celulares. Y todos estábamos ansiosos y desesperados por contarle al país que teníamos al nuevo campeón del mundo de duatlón.

Oscar fue el propio en comunicar la noticia a Lisa, su esposa, que a la distancia hizo fuerza. A través de un desvencijado teléfono público, con el sudor corriendo por su cuerpo, Oscar recibía otra noticia del otro lado. Sería padre…

Pasaron 15 años de aquella hazaña, mi recuerdo para aquella epopeya que tuve la suerte de vivir desde adentro y desde muy cerca pero que tiene, tuvo y tendrá un único dueño y protagonista: Oscar Galindez.

Gracias al triatlón por permitirme vivir aquellos momentos que, para quienes somos apasionados de este deporte, serán imborrables de mi memoria.

Fernando Daniel Baez

Periodista deportivo especializado en natación, ciclismo, atletismo y triatlón. Fotógrafo y Productor de TV. @mlagattina

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