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En primera persona: Galindez y el Ironman de Cozumel

Tras la caída, hecho una milanesa.

Otro Ironman adentro. Cada uno es diferente y deja una enseñanza. Cozumel es un lugar fantástico, el lugar, el agua cristalina… dan ganas de volver cada año.

En el PC, últimos detalles antes de la largada

Aunque todavía me encontraba en el camino de recuperación de la lesión de los flexores de cadera, el test que hice en el GP Triatlón de Camboriu me dejó bien motivado para el final de la preparación.

El objetivo de la prueba era hacer una natación fuerte, cuidarme en la bici y lograr una buena maratón. Salió a medias.

La natación fue fantástica. Fueron 49 minutos y prendido con varios favoritos, incluso salí ahí nomás de Michael Lovato, que luego resultó ganador.

Luego en la etapa de ciclismo fui cumpliendo con el plan, a pesar que desde el comienzo de la etapa note que no estaba en mis mejores días, no conseguía lograr una velocidad crucero me costaba encontrar mi ritmo, pero me mantenía entre los top 15.

A partir de la segunda mitad comencé a sentir fuertes dolores en los glúteos. Era tremendo. Tuve que bajar el ritmo y casi parar. No la estaba pasando bien. El grupo en el que estaba rodando se me fue. Yo solo pensaba en superar esa situación.

El mejor aliento, el de mi hija Sofi.

Logré volver a la carrera. Cuando de repente… ¡¡blom!! Estaba en el suelo, sin entender mucho como pude llegar ahí.

Por el kilómetro 140, pasando un puesto de hidratación, un amateur que iba delante de mi se movió bruscamente e imprudentemente para el medio de la ruta. No se si se le cayó una caramañola, estaba mal o si había aprendido a pedalear máximo un año atrás… #!@#, pero se vino derecho a mi trayectoria.

Por suerte yo iba tomado de arriba de la forma y alcance a poner el hombro. Le pegue fuerte. Salí despedido a la banquina de arena. Por suerte caí ahí y amortiguó el golpe. Estaba enfurecido y no sabía que hacer. Volví para ver al atleta, nunca supe quien era. Había quedado en el suelo y parecía lastimado como si lo hubiera atropellado un vehículo y un staff lo estaba asistiendo.

Revisé la bicicleta, excepto el revestimiento de arena todo estaba en orden. La había sacado baratísima. No había roto nada y podía seguir. Estaba lleno de arena por todos lados, parecía una milanesa.

Me subí, comencé a rodar lentamente y chequear que esté todo bajo control. Inmediatamente me di cuenta de la fuerza del golpe cuando vi en mi manillar el brazalete blanco de competencia del otro corredor. ¡¡Se lo había arrancado!!

A partir de ahí intenté limpiarme con agua y rondando. Había perdido muchísimo tiempo y solo quería llegar al PC para comenzar a correr.

La maratón tuvo dos etapas: la primera mitad excelente, y la segunda muy mala. No voy a poner de excusa la caída. Por suerte tampoco tuve problema con las lesiones que venía arrastrando.

Lo mejor del fin de semana fue haber podido cumplir con otro proyecto solidario, sentir el reconocimiento de todos los atletas y compartir con mi familia este viaje.

A descansar, planificar la recuperación y los próximos objetivos.

Oscar Galíndez
www.oscargalindez.com 

Foto: Facebook, Archivo personal OG

Final y otro ironman que quedó atrás.

 

Periodista deportivo especializado en natación, ciclismo, atletismo y triatlón. Fotógrafo y Productor de TV. @mlagattina
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