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La maratonista de la felicidad

Maia y Ainoa gritan a un costado de las vallas porque ahí viene su mamá. Vestida de celeste, con anteojos negros y un pelo atado que sube y baja en cada zancada que da sobre el asfalto londinense, María de los Angeles Peralta demuestra que se puede ser feliz corriendo un maratón. Ya ni se acuerda de la puntada en el hígado que le hizo bajar el ritmo desde el kilómetro 36. Sólo ve la meta y los cinco anillos olímpicos. Levanta el brazo derecho con el puño cerrado y se gana aplausos en la llegada. Largó bajo la lluvia y llegará bajo la lluvia en The Mall, a metros del Palacio de Buckingham, en 2h40m50. Cuando lo hace, clasificada 82, extiende ambos brazos, mira al cielo plomizo y viaja a su Mar del Plata, que la ha visto entrenarse cientos de días bajo ese clima tan particular y a veces inhóspito. Marita ha terminado el maratón de Londres 2012 y su felicidad contagia cuando se encuentra a solas con Clarín.

“El atletismo es mi vida. Corro desde que tengo 8 años y ahora tengo 34. Me hice mujer corriendo y ahora soy una mujer adulta -reflexiona-. Correr es mi segunda casa, es mi cable a tierra, mi terapia. Es parte de mi vida. No sé vivir si no salgo a correr. Después del nacimiento de mis hijas, antes de ir a tomar un café con mis amigas prefería salir a trotar. Para mí, correr es como respirar”.

Esta es la historia de una atleta que cumplió el sueño de su vida: mostrarles a sus hijas que mamá pudo sobreponerse a la exigencia extrema, que el esfuerzo vale la pena, que los regalos de la vida hay que ganárselos y que además de cocinar, llevarlas al colegio y jugar con ellas, mamá alimenta su corazón a pura pasión atlética.

“Estoy conforme con mi marca por la puntada que me agarró y porque a tres kilómetros del final, veía a muchas chicas tiradas, abandonando -relata-. Yo simplemente quería llegar porque me costó mucho estar acá y cumplí el sueño de competir en un Juego Olímpico”

-¿Se puede disfrutar correr 42,195 kilómetros a pleno con toda la presión de un debut olímpico?
-Yo lo disfruté desde el kilómetro cero. Fui totalmente feliz. Encima en el recorrido me crucé con muchos argentinos y latinos que me alentaban. Nunca me sentí sola.

Los organizadores la rompieron con el recorrido elegido, que pasó por la Catedral de St. Paul, la Torre de Londres y el Big Ben, y que la etíope Tiki Gelana recorrió en 2h23m07 (récord olímpico). Miles de espectadores formaron las Naciones Unidas bajo un paraguas, un plástico cobertor o una simple gorrita que al menos no dejara que las gotas mojaran la cara.

A Marita, las que le mojan el rostro son sus lágrimas. Nadie ni nada le quitará haber sido la maratonista argentina en Londres 2012, en su cuarta experiencia en esta distancia. Ni haberse entrenado en la Meca de la disciplina: Kenia. “Fue muy fuerte, una experiencia cautivante desde lo cultural. Los chicos van al colegio corriendo con los libros, lo llevan en la sangre”, recuerda.

-¿Fue la carrera de tu vida?
-Cumplí el sueño de mi vida. Hice una primera mitad muy rápida porque esto es un Juego Olímpico. Después lo pagué en los últimos diez. Me desorientó no saber por qué kilómetro andaba, porque todo estaba marcado en millas y a veces ni se veían los carteles. Encima me aturdían y me desconcentraban los gritos de la gente. Es más, estoy medio sorda (risas).

Maia (4) y Ainoa (2) esperan el abrazo de mamá y Marita va hacia ellas. “Que mis hijas me hayan visto en un Juego Olímpico es lo que les dejaré”, dice a modo de despedida. Su sombra la sigue. Al trotecito, claro.

Por Hernan Sartori para Clarin | tw @hernansartoni
Foto: Alberto Estevez | efe

 

Periodista deportivo especializado en natación, ciclismo, atletismo y triatlón. Fotógrafo y Productor de TV. @mlagattina

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