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Bardach se despidió de la natación en una emotiva jornada

Que levante la mano quien pudo contener las lágrimas. Porque el sábado no hubo técnica válida para reprimir tanta emoción. Ni las profundas respiraciones de Héctor “Bochi” Sosa, ni los anteojos oscuros de Jorge Bardach pudieron ocultar esa ambigua sensación de ver a la mejor de todas decir adiós.

Georgina Bardach entregó el sábado sus últimas brazadas en la natación competitiva, en una pileta que se inundó de nostalgia y emoción. Y fue ella quien se encargó, principalmente, de que así sea. Porque desde el mismo momento en que se bajó del auto acompañada por su abuela Jennie lloró de forma desmedida. Era su día y así eligió vivirlo. O así le salió. Y estuvo hermoso. Genuino.

Rodeada de sus más profundos afectos, la ganadora del bronce olímpico en los 400 metros combinados de Atenas 2004 nadó la final de los 100 metros combinados del torneo Provincial Córdoba Solidaria.

Y después volvió a tirarse con quien ella misma eligió para decir adiós: su hermana Virginia y sus amigos Florencia Ghione, Andrés González, Rodrigo y Gonzalo Frutos y Gustavo Paschetta, junto a la morterense Paz Clemente, quien minutos antes la había distinguido.

Sorprendida y emocionada
Entre fotos y autógrafos a niños nadadores que, admirados, la miraban fijamente, Georgina regaló abrazos a su paso a quienes la acompañaron en su carrera. Porque todos los que la ayudaron a convertirse en la mejor cordobesa de la historia estuvieron ayer, una vez más, junto a ella. Y eso contribuyó a su emoción y su sorpresa.

“Sabía que iba a llorar toda la tarde. Pero es lo único que me imaginé. Estoy sorprendida por toda la gente que vino. En especial mi abuela y mis tías… Mis primeros entrenadores, ‘el Bochi’, amigos…”, comentó la cordobesa cuando logró encontrar un poco de tranquilidad.

Diego Araujo (“El me bancó cuando yo lloraba y no me quería tirar a la pileta”), Mara Negro y José Sosa, sus primeros entrenadores en el club Comunicaciones, disfrutaron, como ella, de cada segundo. También lo hizo “el Bochi”, quien la llevó al podio olímpico y a quien ella le entregó una medalla en representación de todos los que la formaron.

Un abrazo también la fundió con el sanfrancisqueño Carlos Joaquín Heredia. “Él recibió el premio Estímulo el mismo año que yo”, aclaró sonriente. Y es que con cada uno de los presentes ella tuvo una historia. Por eso estaban allí, escribiendo juntos la última página.

“Fue un día pensado y esperado. Pero hasta hace un rato no sabía lo que me pasaba. Venía en el auto y estaba más nerviosa que para ir a nadar una final olímpica. Estoy emocionada. Fue muy lindo”, dijo cuando todo había terminado. Como su exitosa carrera.

Por Eugenia Mastri | MundoD Diario La Voz de Córdoba
Foto: Sergio Cejas

VIDEO:

Periodista deportivo especializado en natación, ciclismo, atletismo y triatlón. Fotógrafo y Productor de TV. @mlagattina

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