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El Condor de America

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Recibió el apelativo de “El Cóndor de América” por sus hazañas en los recordados Cruce de los Andes a fines de los ’60 y comienzos de los ’70 en bicicleta, cuando la gente se volcaba a las rutas con fervor y pasión para admirarlo o simplemente para verlo pasar.

La historia de Ernesto Antonio Contreras comenzó mucho antes en su Medrano natal, departamento de Junín, Mendoza, donde nació el 19 de junio de 1937. Su padre, Crispín Contreras, fue administrador de una chacra. Su mamá se llamaba Modesta Vázquez, quien además de Ernesto tuvo 7 hijos más.

Desde muy niño, Ernesto ayudaba a su padre en aquella chacra, y recorría todos los días en bicicleta los 8 kilómetros que separaban su casa del pueblo.

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Tenía 19 años de edad en 1956 cuando se inició en el ciclismo. Debutó en abril de ese año. Luego ganó con un tiempo increíble de 5′ 10″ las selectivas que se hicieron en San Juan para concurrir al Campeonato Argentino de Persecución Individual con sede en Trenque Lauquen sobre una distancia de 4.000 metros. Aquél resultó su primer título nacional, que repitió 8 veces de manera consecutiva (’56-’63).

“Ernesto Contreras: el Campeón de la Bicicleta Prestada” fue el sugestivo título de la revista El Gráfico, porque el Negro había participado con un rodado que le había facilitado su amigo “El Chueco” Enrique Pérez que más bien parecía “un arado”, según comentó tiempo después Pedro Picón, que había viajado como mecánico.

Un apodo volador
El nombre de “El Cóndor de América” fue una creación del periodista radial Marcelo Alejandro Houlné. Fue dos veces primero (’68 y ’73), dos veces segundo (’67 y ’72), una vez tercero (’71) y séptimo en el restante y último (’74), cuando se despidió con una frase que fue todo un testimonio: “Adiós, montaña amiga”.

Cuando subía las cuestas de la Cruz de Paramillos, el Cerro Negro y Portillo y la Cuesta de Chacabuco, en territorio chileno, hasta se le veían las venas en sus angulosas piernas. Trepaba implacable, con los músculos tensos y la vista clavada en el horizonte, con su corazón noble y grande.

Pudo ganar el primero, pero con su hidalguía deportiva de siempre esperó al ítalo-argentino Delmo Delmastro, a la postre el vencedor, que había pinchado en los Caracoles de Villavicencio, donde se definía una etapa decisiva.

Doce títulos
También fue tres veces Campeón Argentino de Resistencia sobre un recorrido de 120 kilómetros contra reloj: en 1959 y 1970 en Santa Rosa (La Pampa) y en 1971 en San Rafael (Mendoza). Además del Título del Kilómetro con Partida Detenida en 1961, por lo que completó 12 Campeonatos Argentinos, solo superado por el marplatense Juan Esteban Curuchet en épocas más recientes con 16 entre 1985 y 2009.

Por otra parte, con tres presencias en persecución por equipos, se convirtió en el deportista mendocino con más Juegos Olímpicos: 5to. en Roma (1960), 8vo. en Tokio (1964) y 9no. en México (1968). En la prueba de los 100 kilómetros contra reloj en ruta por equipos terminó séptimo junto a Juan Alberto Merlos, Carlos Miguel Alvarez y Roberto Breppe.

Finalmente a nivel internacional participó en los Mundiales de Amsterdam (Holanda) en 1959, Locarno (Suiza) en 1961 y Milán (Italia) en 1963, siempre en su especialidad de persecución individual sobre 4.000 metros.

Justamente en el velódromo Vigorelli de la ciudad italiana de Milán clavó los relojes en 4′ 55″, su mejor marca de todos los tiempos, que sin embargo no le alcanzó para subir al podio de los tres primeros.

Su cuarto y último Mundial fue en Montevideo (Uruguay) en 1969, donde resultó subcampeón Mundial por equipos junto a Juan Alves, Juan Alberto Merlos y Carlos Miguel Alvarez.

Nota: Diario Los Andes | José Félix Suárez y Carlos Campana

Periodista deportivo especializado en natación, ciclismo, atletismo y triatlón. Fotógrafo y Productor de TV. @mlagattina

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