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El día más largo de Mireia Belmonte

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La española  Mireia Belmonte es una de las mejores nadadoras del mundo, medallista olímpica en 800m libres y 200m mariposa en Londres. En el reciente campeonato europeo realizado en Berlin, obtuvo 6 medallas, dos de cada color.

El diario deportivo Marca, uno de los más prestigiosos del mundo, contó cómo es uno de sus exigentes jornadas de entrenamiento que dejan en claro la dureza que representa mantenerse en lo más alto y el exigente trabajo del alto rendimiento.

HORA POR HORA UN DIA DE ENTRENAMIENTO

En el solsticio de verano el sol clarea las cumbres de Sierra Nevada a las 6.53. A esa hora, un grupo de nadadores dirigido por el técnico francés de la Federación Española, Frédéric Vergnoux, entrenador desde hace cuatro años de Mireia Belmonte, se levanta e inicia la jornada en el Centro de Alto Rendimiento situado a 2.320 metros.

Realizan la última concentración, de un mes, previa a los Campeonatos de Europa. El grupo de Vergnoux totalizará 15 semanas en altura esta temporada. Durante esta estancia nadarán 108 kilómetros por semana. Y esta que comienza no es una jornada cualquiera.

7.00. Trabajo cardiovascular

El técnico espera en las máquinas de remo, en la pista cubierta de atletismo. «Hay que dar ejemplo». Se saludan; no hace falta ninguna instrucción. Frente a las cristaleras, los nadadores realizan trabajo cardiovascular durante 45 minutos. A medida que transcurren, el ritmo aminora, menos el de Belmonte. Por cada dos remadas de sus compañeros, ella da tres.

8.00. Desayuno

Los nadadores suben al comedor del centro donde desayunan. Tienen que recuperar fuerzas.

8.40. En la piscina

Primer contacto con la piscina. Hacen estiramientos y calientan articulaciones. Una selección de Nueva Zelanda ya abandona el agua. Son los más madrugadores. A media mañana aparecerá otro grupo de italianos.

9.00. Casi 9 kilómetros

[pullquote]La última concentración, de un mes previa a los Campeonatos de Europa el grupo del entrenador frances Frédéric Vergnoux totalizará 15 semanas en altura esta temporada. Durante esta estancia nadarán 108 kilómetros por semana.[/pullquote]Antes de calarse el gorro y las gafas, Mireia se pesa. No llega a 61 kilos. Durante dos horas y 45 minutos los nadadores desarrollan una sesión mixta: series de velocidad, ritmo de prueba, fase de nado aeróbico… En total, 8.800 metros. Mientras los fondistas completan su trabajo, la bracista Conchi Badillo trabaja las salidas con la biomecánica Blanca de la Fuente.

12.00. Al gimnasio

Los nadadores se cambian. Aparecen en pantalón corto, camiseta y zapatillas, y sorbiendo batidos de proteínas, camino de uno de los gimnasios. Ahí acondicionan grupos musculares mediante series cortas que repiten varias veces durante 25 minutos. A su término pasan a otra sala con equipamiento más específico, monitorizado en ordenadores, donde realizarán durante una hora ejercicios de fuerza y resistencia. Su esfuerzo se plasma al momento en gráficas. «Hay un feedback instantáneo. Ellos lo controlan y los resultados les motivan. Esto arroja pistas de la adaptación al entrenamiento en agua en altura y permite modificarlo», explica Javier Argüelles, biomecánico de la Unidad de Análisis del Rendimiento del CAR.

Se alternan en los aparatos. Se tumban boca abajo en un banco elevado y tiran hacia el pecho ocho veces de un carro de pesas. Mireia le añade cinco kilos a lo arrastrado por sus compañeras, 45 en total. En los dos primeros intentos la barra choca con el banco.Mireia_belmonte

Pero el potro de tortura es un ergómetro de remo tuneado por Vergnoux para que los nadadores repliquen sus brazadas. Tumbados boca abajo tiran de las poleas con la misma frecuencia, potencia y velocidad que si estuvieran nadando durante un minuto a mariposa. Tres veces seguidas, con descansos de 30 segundos. Cuando lleva dos, Mireia jadea. Al bracear, su cuerpo se contorsiona desde la cintura, mientras le sujetan por los muslos. Los dos biomecánicos y Vergnoux la animan. «Aguanta, que no caiga [la gráfica]». «Allez, allez, un poquito más, quedan 15 segundos», se suma Vergnoux, y el trazo de la gráfica apenas decae.

Brutal esfuerzo, que repetirá más adelante, después de haber elevado el carro varias veces más. «Al final del entreno es capaz de reproducir potencia, rendir con fatiga, y eso no es normal», subraya Argüelles. Todos apuntan sus resultados. El trabajo de la mañana acaba. Han sido casi seis horas.

13.30. Almuerzo y siesta

El grupo almuerza junto. Cuando acaban, Fred les apura: «Chicos, a descansar». Van a sus habitaciones, a echarse la siesta. La necesitan. «Es la bomba», advierte el francés sobre lo que les espera por la tarde, un trabajo mixto en agua y en seco de adaptación al esfuerzo, que repetirán dos veces cada una de las cinco semanas que permanezcan en altura.

16.00. Cuatro horas sin parar

Llegan los nadadores directamente a un pequeño gimnasio encima de la piscina. Durante 25 minutos repiten cinco veces un circuito de flexiones de brazos, dominaciones a pulso en una barra elevada, abdominales, brazadas con gomas y en bancos móviles… Cuando lo completan bajan a la pileta. Se hidratan bebiendo, se despojan de sus camisetas, cogen gorros y gafas, como si de una transición de triatlón se tratara, y en dos minutos están nadando. «Así, cuatro horas», adelanta Vergnoux. «Mentalmente es muy duro».

En la siguiente media hora hacen 2.000 metros en series de 100, cada una más rápida que la anterior. Cuando terminan, pasan rápidamente por el vestuario y salen calzados. Descienden al polideportivo anexo y empiezan a saltar a la comba durante tres minutos. A la señal de Fred, sueltan las cuerdas y a la carrera suben y bajan las escaleras de cuatro pisos en un minuto. Repiten la secuencia, pero cada vez con más repeticiones de ascenso y bajada: dos, tres, cuatro. «Ups, hay que subir corriendo. Allez chicas», les anima el técnico. Margarita Domínguez, campeona de Europa de 25 kilómetros en aguas abiertas, se descuelga un poco.

Al cabo de 25 minutos vuelven al agua con la misma celeridad. 2.200 metros más en media hora. Salen de la piscina, repiten el circuito del gimnasio durante 20 minutos. Se desvisten y regresan al agua. Otros 2.000 metros en series de 100. A las 19.00 acuden de nuevo al pabellón a saltar a la comba y a subir y bajar cuatro pisos, una, dos, tres y cuatro veces. Mireia, que es de las que mejor aguanta, en un momento dado se vuelve de espaldas. Parece como si una lágrima bajara por sus mejillas. Ni una queja.

Llevan tres horas y media sin parar. Les espera por última vez la piscina y 2.400 metros más, hasta totalizar 8.600. Belmonte termina picándose con Antonio Arroyo, subcampeón de España de 800 y 1.500. «Esto explica cómo es Mireia. Está luchando con un chico», llama la atención Fred. En la última serie de 200 parece que ella toca primero. «2:06.3 y 2:06.6», canta los tiempos Vergnoux. «¿He ganado yo, no?», pregunta la subcampeona olímpica y mundial con una sonrisa en la boca.

20.20. Cena y cuidados

El grupo cena. Cuando acaba, Belmonte tiene cita en la sala de fisio. «Posee una calidad muscular prodigiosa y una capacidad de recuperación excelente», explica la fisioterapeuta Susana Sevillano. «A veces hay que trabajarle el diafragma, porque se le carga debido a su asma», añade.

21.20. Acaba la jornada

Mireia se despide. Pasados unos días empezará a dormir en una tienda de hipoxia que simula las condiciones de mayor altura incluso. Habla con la familia y lee un rato. El sol se pone en Sierra Nevada a las 21.37, y a las 22.00 ella apaga la luz. Ha sido su jornada de trabajo más larga.

Periodista deportivo especializado en natación, ciclismo, atletismo y triatlón. Fotógrafo y Productor de TV. @mlagattina

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