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[Historias de vida] A correr… pero sin tiroides

Daniel BarrabinoCon el nacimiento de mi segunda hija, Mia, en noviembre de 2008, y con Azul, de 7 juguetones y reclamantes años, me vi obligado a dejar el tenis, al menos del modo en que me gustaba jugarlo.

Por esa época, participaba en torneos amateurs y me juntaba a sostener intensos peloteos con amigos del club Ducilo. La etapa del hockey sobre césped había quedado atrás mucho tiempo antes cuando mi actual esposa Carla decidió dejar su Mar del Plata infantil para venir a probar suerte conmigo en la ribereña ciudad de Quilmes.

Algunas intermitentes sesiones de padel no lograron cubrir mi pasión por el deporte, aunque reconozco haber disfrutado los maravillosos asados posteriores a esas cubículas jornadas de saques y voleas.

Fue así que en el verano del 2009 me encontré corriendo por la bella costa marplatense. Ahí sí tuve la intuición de que estaba en lo cierto, y no paré más… Algo así como un Forrest Gump sureño.

Ya en el 2011, comencé a entrenar con un grupo de running, el Circuito Adidas Running Team de Quilmes a cargo de la profesora Micaela Vidal. Las horas de entrenamiento se irían alternando con las numerosas carreras en las que me anotaba, 7k, 10k, media maratón y un par de maratones más otro tanto de carreras de aventura habían logrado llenar en mí un vacío apoderado por la inactividad. La amistad y la compañía de mis co-runners eran los ingredientes indispensables que me empujaban a asistir puntualmente a cada sesión de entrenamiento.

Sumar la bici

Los sueños de bicicleta comenzaron a dibujarse poco después con algunas salidas esporádicas con amigos, hasta que luego de un par de duatlones de aventura, detecté que para mejorar había que entrenar.

Fue así que me acerqué al Quilmes Way, a cargo de Silvia… del Way (seguro que ese no es su apellido, pero todos la conocemos así) quien con su garra y dedicación logró inocular en mí la sustancia que hace de cada jornada ciclística un momento inmejorable (en particular se destacan los ratos posteriores en los que invariablemente aparecen las cervezas y los paquetes de papas fritas).

10646830_650884228342402_965506859531344751_nTanta actividad –a mis 40 y tantos años- requería contar con los chequeos de salud correspondientes. Fue así que allá por agosto de 2013 fui a la Fundación Favaloro para hacerme un estudio completo de salud con la expectativa de que saliera todo bien. Pero algo salió mal.

“Por acá veo un nódulo, no es para preocuparse aunque sí para ocuparse”, me dijo el doctor. A los pocos meses y después de una soñada carrera de aventura en Tandil tuve que someterme a mi primera operación.

Ya con media tiroides y con la expectativa de que la otra mitad funcionaría lo suficientemente bien, retomé la actividad con la mira puesta en los 21k de Rosario. Las noticias que llegaron con los resultados definitivos de la biopsia no fueron las mejores. Me diagnosticaron que el inofensivo nódulo de 3 cms cobijaba un carcinoma folicular o en palabras más claras cáncer de tiroides, según supo decir el médico cirujano, que con esa novedad también me anotició sobre la fecha de la segunda operación.

La relación entre lo que quedaba de mi tiroides y yo se había quebrado. Cada uno por su lado, ella al frasquito de formol y yo… vaya a saber dónde. La cuestión que preparé como pude la media de Rosario que se corrió el 11 de mayo, mientras el quirófano me esperaba ansioso el 14. Ya sin tiroides sabía que los tiempos por venir iban a ser más complicados.

La incertidumbre

La recuperación sería distinta, vas a estar muy hipotiroideo, me dijeron. Esto es necesario para poder aplicarte el tratamiento de yodo, el cual te va dejar con algunos niveles de radiación y, por si fuera poco, ese tratamiento requiere que estés unos días aislado.

Después de la operación los síntomas que presentaba no eran muy amigables, lo que me llevó a enfrentarlos. La sensación en mis piernas era como la de alguien que había corrido durante un par de horas a 3000 metros sobre el nivel del mar.

Al 4° día del alta médica decidí llevar a Mia a la plaza aunque mis piernas no estuvieron muy de acuerdo. Al rato, se resignaron y vieron que durante mi recuperación iban a tener bastante trabajo.

Fue así que decidí aprovechar cada segundo de lo que estuviera por venir. Y lo que vino no fue fácil.

A la semana el equipo de cirujanos del Hospital Italiano me dio el alta para caminar lo que quisiera… me regocijé y mis caminatas diarias lo eran de algunos kilómetros, luego se convertirían en varios. Al levantarme por las mañanas sentía un gran cansancio, sobre todo en las piernas.

También me azotaban los calambres y largos hormigueos. Lejos de quedarme en la cama, emprendía mi desayuno de bananas, jugo de naranja con cereales y semillas de chía, maca y tostadas con mermelada y queso blanco.

Al mes de la segunda operación me dieron el alta para empezar a correr. Todavía estaba un poco complicado porque no podía tomar aún la medicación que comenzara a estabilizarme (Levotiroxina).

Lo primero que descubrí cuando retomé el running fue que por un largo tiempo no iba a poder elongar a causa de los calambres.

No podía hacer ejercicios que demandaran fuerza. Ni si quiera podía desperezarme en la cama sin padecerlos. En parte, por ello, fue que decidí no quedarme quieto. El resultado fue gratificante. Mientras corría no sufría calambres. Sí antes, también después, pero al menos había hecho algo que me gustaba y acalambrar, me iba a acalambrar igual.

Corrí mi primer carrera, de 8k y me fue bastante bien. No se puede decir que esté curado de mi cáncer de tiroides, pero tengo buen pronóstico. Al menos tiroides, no tengo más, ja. Como dijo un amigo, “…mejor, vas a estar más liviano…”.

También estuvo muy bueno el comentario de Javier… cuando le dije de mi recuperación: “un fantasma menos…” Hace pocos días corrí los 21k de Buenos Aires y la experiencia no pudo haber sido mejor. Bajé el tiempo que había hecho en la media de Rosario –cuando todavía no me habían operado- de 1:50:50 a 1:49:46, es decir más de un minuto de diferencia.

El futuro

En octubre se vienen los 25k de Sierra de los Padres, la maratón de Buenos Aires y, en noviembre, la ultramaratón (50k) The North Face Ultrachallenge en Bariloche.

Creo que mi mejora se la debo también a los entrenamientos de natación a cargo de Alejandra Dávalos, quien se tomó como un desafío personal mejorar mi patada de crol (realmente sería un buen material para una tesis si alguien puede hacer que yo mejore la patada de croll). No sólo eso, Alejandra piensa que pronto voy a poder competir en mi primer triatlón. En esta no soy tan optimista, ¿será por los litros de agua que tragué en la pile…??

Honestamente debo de reconocer que si bien mi diagnóstico fue inquietante al principio, no fue determinante para dejarme caer. Si fueron determinantes mis ganas de vivir cada momento con mayor intensidad en compañía de los que me acompañaron antes y durante este proceso. A todos ellos les agradezco especialmente.

Los 21k ya pasaron y actualmente estoy entrenando para los 42, aunque, éstos van a ser un poco más complicados. De lo que estoy seguro es que lo voy a intentar, también sé que me voy a sentir mal, que voy a estar agotado, dolorido, que voy a querer abandonar, pero abandonar hubiese sido quedarme en la cama cuando, en un principio, las piernas no daban más y esa prueba ya fue superada.

Por Daniel Barrabino

Periodista deportivo especializado en natación, ciclismo, atletismo y triatlón. Fotógrafo y Productor de TV. @mlagattina

2 Comentarios

    1. Hola Laura, antes que nada debo confesar que tuve dudas en cuanto a exponer mi historia de un modo tan… abierto. Con tu comentario veo que valió la pena hacerlo. Justamente lo que me motivó fue “el mensaje”. En este proceso conocí otros casos de personas que habían pasado por una situación similar a la mía y todos coincidían en lo mismo… el cansancio, los calambres, el desgano. Afortunadamente, lo último no me pegó, sí el cansancio y los calambres. Eso me llevó a experimentar con mi propio cuerpo…y así descubrí que salir a caminar me recuperaba de esa sensación de cansancio. Del mismo modo, acercarme a los afectos -familia, amigos- me ayudaba a mantenerme fuerte emocionalmente. No hubo mucho más que eso, aunque sí hubo también, una buena cuota de suerte (la que se lleva de maravillas con los controles médicos periódicos)… No se si lo tuyo tiene que ver con la tiroides… pero, aún en el peor de los casos, todos coinciden en que este tipo de afección es de excelente pronóstico. Espero que el resultado te dé bien.
      Saludos, Daniel Barrabino

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