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20 años de los Juegos Panamericanos de Mar del Plata

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Aquello fue el símbolo de una década productiva y opulenta. En la que se invirtió, pero que no tuvo continuidad en el tiempo. Marcó un gran momento del deporte argentino como proyecto. Aquel 11 de marzo de 1995, el presidente Carlos Menem inauguró los XII Juegos Panamericanos, en Mar del Plata, competencia que funcionó como objetivo de lograr su reelección y, a la vez, como motor para el desarrollo del área.

Pero aquello, que pudo ser un despegue, no fue más que el cénit de una revolución que no fue, o que no alcanzó, por lo menos, todo lo que de ella se esperaba. ¿Qué le dejó al deporte argentino Mar del Plata 95? ¿Fue aquello una aventura de los dirigentes o un proyecto integral?

Entre quienes participaron de la organización de ese acontecimiento existe una primera coincidencia: la infraestructura que le quedó como legado a la ciudad es fenomenal. “Es de primer nivel: tiene el natatorio más moderno del país, el polideportivo Islas Malvinas, que es el estadio cubierto más importante del país, el velódromo, el patinódromo… Esa infraestructura potenció a Mar del Plata como la capital del deporte argentino”, se ufana Víctor Sergio Groupierre, que integró el comité organizador (Copan 95), presidido por Francisco Mayorga.

Julio Ernesto Cassanello, fue el jefe de la delegación argentina, que tuvo una destacadísima performance en aquellos Juegos, con un total de 159 medallas (40-45-74). “Fue un aliento para el deporte argentino y para aquellas federaciones que tienen menos posibilidades de mostrar a sus deportistas. Eso multiplicó el entusiasmo y culminó con la mejor actuación argentina”, señala Cassanello, que también destacó que Mar del Plata “es una de las pocas ciudades que está en condiciones de realizar una competencia internacional”.

Si se llegó a ese resultado se debe, por un lado, a que aquéllos fueron años de una enorme inversión en el área. Por caso, en 1995  hubo un presupuesto cercano a los 50 millones de dólares para la Secretaría de Deporte, por entonces en manos de Livio Forneris. Pero el dinero no lo es todo: también hubo un proyecto que comenzó un par de años antes.

“Fue un trabajo en equipo sin precedente, que comenzó en 1993 y duró hasta principios de 1997”, comienza su relato Orlando Moccagatta, por entonces coordinador de los equipos de planificación de alto rendimiento. “La conducción política convocó a un equipo de técnicos para desarrollar el deporte panamericano y competir con éxito. Lo más importante fue que se generó un sistema de planificación que coordinaba el posicionamiento internacional del deporte, la inversión pública y el calendario de competencias. Y todo ese plan fue respetado por la conducción.”

Fue por esos años, por ejemplo, que se convocó a entrenadores extranjeros para que colaboraran con ese desarrollo planificado. Entre ellos hubo varios cubanos, como Sarbelio Fuentes, que generó una buena época de éxitos para el boxeo amateur argentino, o Miguel Sánchez, uno de los forjadores del desarrollo de Javier Correa en canoaje.

Lo cierto es que el impulso que habría cobrado el deporte era innegable. En especial, para varios deportes amateurs que tuvieron en aquella cita un punto de despegue, como señala la ex patinadora Nora Vega, encargada de encender el pebetero.

Sin embargo, el impulso perdió vigor en los siguientes años. Casualidad o no, superado el certamen que les había dado origen, esos proyectos encontraron freno. En buena parte, por la difícil situación del país, que atravesó una de las peores crisis institucionales y entró en la mayor cesación de pagos de deuda externa en la historia de la economía mundial.

Eso no lo explica todo, empero. En el camino los proyectos fueron dejados de lado. “En 1997, Porta (Hugo, sucesor de Forneris en la Secretaría de Deporte) decidió desarmar ese equipo de trabajo. Se abandonaron los procesos de desarrollo y se empezó a trabajar sobre los deportistas que ya estaban en el alto rendimiento”, explica Moccagatta. Eso y la falta de continuidad de los secretarios de Deporte (en 10 años hubo siete funcionarios en el cargo) conspiraron contra cualquier proyecto a largo plazo. Además, la inversión pública en el área decreció notablemente: el presupuesto de 2005 alcanzará los 50 millones de pesos, un tercio de lo que se destinó hace diez años, devaluación mediante.

Lo cierto es que el deporte argentino, después de Mar del Plata 95, tuvo una movilidad inercial. Y, como es lógico, fue decreciendo en los siguientes dos Juegos Panamericanos. En Winnipeg 99, todavía sostuvo algo de lo que había logrado cuatro años antes, pero en Santo Domingo 2003 cayó en picada, del 4º al 7º puesto en el medallero final, superado por Brasil, Venezuela y México.

Mar del Plata 95 fue un punto de quiebre, pero el ímpetu generado no se pudo sostener, más allá de las obras que quedan como testimonio y legado.

RECORD DE MEDALLAS

El deporte argentino consiguió su mayor cantidad de medallas en la historia de los Panamericanos. En total, se repartieron 1.366 (432 de oro, 433 de plata, 501 de bronce) y Argentina fue cuarta en el medallero con 40 doradas, 45 plateadas y 74 de bronce (159 en total), detrás de Estados Unidos (425), Cuba (238) y Canadá (177).

CORRUPCIÓN

Para la preparación de este certamen se invirtieron, por lo menos, 150 millones de dólares en infraestructura. Tiempo más tarde salieron a la luz varios casos de corrupción, ligados al gran negocio que implicaba llevar a cabo una competencia de esta importancia.

Por Diego Quinteros |  LA NACION

Periodista deportivo especializado en natación, ciclismo, atletismo y triatlón. Fotógrafo y Productor de TV. @mlagattina
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