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Oscar Galíndez y la experiencia de competir junto a su hijo: “Le voy a pasar el testimonio al ‘Thomy’”

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El 5 de noviembre de 1995 fue un día especial para Oscar Saúl Galíndez. Muy especial. Con sólo 24 años, el riotercerense se consagraba campeón mundial de duatlón en Cancún (México), pero esa calurosa y soleada jornada aún tendría más emociones para entregarle. Feliz, el cordobés llamó a Lisa, su mujer, para contarle la buena nueva y ella, más feliz aún, le retrucó con una noticia muy esperada por ambos: estaba embarazada.

Hoy Thomas, su hijo mayor, tiene 19 años y compartirá con su padre por primera vez un triatlón. Será mañana en Mar del Plata, la ciudad que vio a Oscar subirse al podio de los Juegos Panamericanos en aquel inolvidable 1995.

“Le voy a pasar el testimonio”, resume el triatleta más ganador que haya dado nuestro país. Está expectante de lo que pueda ocurrir el domingo (mañana), cuando se tire al agua para dar inicio al Triatlón Olímpico Banco Nación Series”.

Los Galíndez viven en Brasil, pero llegaron en la noche del jueves a la ciudad costera y desde la casa de un amigo cordobés, donde se hospedan, atienden el llamado de Mundo D. Oscar toma la posta y cuenta que el resto de la familia –su mujer Lisa, y sus hijos Sofía (15) y Lorenzo (1)– ya están en Almafuerte, donde pasarán todos juntos las fiestas y las vacaciones, hasta fines de enero. Pero a los hombres de la casa aún les queda una tarea por hacer antes de reencontrarse con sus afectos. Y será, sin dudas, un evento especial.

“Va a ser algo emocionante y una experiencia hermosa, porque va a ser la primera vez que vamos a estar juntos”, dice Thomas, notablemente entusiasmado. “Llegó el momento. Hace un tiempo, lo que quería era poder competir con él. No para disputar un puesto, pero sí para compartir el momento”, asegura el joven triatleta nacido en Almafuerte.

Con 44 años, y 29 en el alto rendimiento, su padre confiesa que, si se remonta muy atrás en el tiempo, jamás pensó en compartir un evento así con su primogénito. “Pero si pienso en menos años, puede ser que sí. Todo dependía de mi continuidad”, aclara el primer triatleta olímpico que dio el país, que sigue vigente en la alta competencia y en octubre fue séptimo en el Ironman 70.3 de Miami, midiéndose con competidores a los que dobla en edad.

“Lo piola es que los dos podamos estar haciendo lo mismo. Yo he perdurado 30 años porque si bien soy un hueso duro de roer, también soy flexible y abierto a mirar otras cosas de los amateur y las capto para seguir creciendo. No me cierro en mi rendimiento y en mi forma de pensar y para eso tengo que mirar a los costados”, argumenta al asegurar que en el deporte se nutren mutuamente con Thomas.

Padre e hijo comparten publicaciones de la web, videos y entrenan juntos cuando pueden; también participan de maratones o competencias pequeñas a las que toman como preparación. Pero el pequeño está dando sus primeros pasos en la elite de este deporte, y su padre aún tiene hilo en el carretel para acompañarlo.

“Antes largaba y me acompañaba 100 metros. Ahora es totalmente distinto”, cuenta Oscar, que sabe que va a correr desde atrás a su hijo, porque es más rápido que él en el agua, la primera de las tres pruebas a las que se someterán mañana (el triatlón olímpico implica 1500 metros de natación, 40 km. de ciclismo y 10 km. de pedestrismo).

“Sé que me van a matar en el agua, pero trato de suplirlo con esa fuerza mental y esa garra que siempre tuve”, admite Oscar y remarca que no tiene la competencia en la cabeza, aunque puede intuir cómo se dará. “Él tiene que salir antes del agua que yo, y yo lo tengo que dar alcance. No nos planteamos las posiciones. Lo lindo es que vamos a correr juntos… De cierta forma, el domingo (por mañana) le voy a pasar el testimonio al ‘Thomy’”, dice.

Su hijo se ríe al escuchar los conceptos de su padre. “Estoy nadando bien”, reconoce. “Pero en la bici me alcanza y la parte de ‘a pata’ es lo que me cuesta, pero estoy entrenando mucho para mejorar”, asegura el “heredero”. Y sobre la competencia, coincide con Oscar: “Yo voy a hacer la carrera lo mejor posible, al igual que él. No es que vamos a esperarnos. Los dos vamos a hacer fuerza y a tratar de hacer el mejor papel”.

“Hace 30 años que hago este deporte, que me va a matar si sigo así, y no puedo decir que voy a regular. Uno cuando está en carrera se pone la armadura de un guerrero y se transforma, entro en esa huella de competidor y quiero ganar. Estoy motivado para correr el domingo (mañana)”, subraya el doble medallista panamericano y representante olímpico en Sidney 2000.

Destino marcado

Thomas Galíndez es cinturón negro en taekwondo. Pero, como todos sus hermanos, desde pequeñito hace natación y, al acompañar a su padre a las competencias, se empezó a hacer amigo de las carreras. “A los seis años hacía triatloncitos”, recuerda su padre y aclara que “él hace esto por decisión propia”. “Porque si fuera por mí… en casa de herrero cuchillo de palo”, dice.

Sin embargo, “Thomy” cuenta que fue su propio padre el que le hizo su primer plan de entrenamiento cuando él decidió acercarse definitivamente al triatlón, en 2011.
Y también fue Oscar el que le recomendó que se una al prestigioso equipo Sesi de Brasil, para crecer en la disciplina y también para proteger el vínculo y no desgastarlo con tecnicismos y cuestiones del deporte.

“‘El Thomy’ entró hace dos años en el mejor equipo de triatlón de Brasil. Pasó a Sub 23 y ya ha hecho alguna experiencia en elite. El desarrollo que tuvo muy bueno fue en la natación. El segundo paso que estamos dando es el pedestrismo”, explica su padre, entendido en el tema.

Para eso, el joven tuvo que mudarse de Santos, donde vive su familia, a San Carlos, otra ciudad del estado de San Pablo. Allí cumple con tres turnos diarios de entrenamiento y además estudia Educación Física.

“Al principio me costó bastante pero uno va agarrando el ritmo. Me pongo a estudiar entre los entrenamientos y a la noche, que es cuando más tiempo tengo”, dice.

Las actividades de Thomas con el Sesi impidieron que padre e hijo puedan compartir un torneo antes. “Ahora se da que está libre y podemos hacer este tipo de acciones”, admite Oscar y confiesa, con gracia, que lo único que lleva Thomas de él es el apellido: “El biotipo es otro. Completamente diferente. Le cuesta mucho correr por la altura y el gran tamaño de sus piernas”.

Los Galíndez, pasado, presente y futuro.

“Más fuerte que hace 10 años”

Oscar Galíndez se ríe de que usa anteojos para ver de cerca, y que quizás, por eso, vea cada vez más próxima la luz al final del túnel. Aunque hace un par de años que confiesa que el final de su carrera está cerca, le cuesta dar el portazo. “Llevo 29 años, sería mucho más lindo retirarme con 30”, bromea. Él siente que tiene aún nafta por quemar, aunque espera que esa nafta no lo queme a él.

“Tengo 44 años y ya no me estoy entrenando como antes. Me veo limitado por la falta de tiempo para entrenar, no tanto por la falta de fuerza. Pero sigo compitiendo y me meto en el Top-10 con chicos de 20 o 30 años. Algunos dicen que estoy viejo para el deporte, pero yo me siento hasta más fuerte que 10 años atrás. Pero hay una falta real de tiempo que es por la parte empresarial”, cuenta Oscar, dueño de OG Design, la marca de ropa para triatlón que tiene con su familia.

Cada vez más enfocado en la empresa, Oscar cuenta que al final de cada día se hace un tiempito para entrenar. “En cierta forma me he convertido en el amateur más profesional que existe. Estoy a un 60 por ciento de lo que hacía antes”, admite.

Nota: Eugenia Mastri, La Voz del Interior

Director Digital de TRIAMAX. Webmaster, emprendedor, techie, fotógrafo deportivo en SoyFinisher, ex triatleta y a veces runner. Twitter @juannito / Linkedin
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