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De nuevo, los 42k de Buenos Aires no entregarán premios

Siempre se puede estar peor. Siempre hay tiempo para mostrar que el fondo puede estar muchísimo más abajo de lo que podamos imaginar.

Hace exactamente un año, exponíamos con profunda tristeza que el maratón de Buenos Aires no entregaba, usando las propias palabras del organizador, premios dinerados. Podríamos evitar las palabras y volver a leer el mismo texto.

Una vez más asistimos no a una sino a dos carreras, los 21 y los 42k, que tendrán más de 30.000 inscriptos. Con un margen de error, por supuesto hacia abajo, puede inferirse la ganancia que tendrá la Asociación Civil de Carreras y Maratones Ñandú, organizadora de ambas carreras.

Participar del medio maratón de Buenos Aires sale $420 y se estiman más de 20.000 inscriptos (el cupo máximo es de 25.000). Por su parte, el maratón de Buenos Aires cuesta $490 y se esperan más de 10.000 inscriptos (el cupo máximo es de 12.000).

Así, Ñandú se garantizará un piso no menor a $13.500.000 de ingresos por inscripciones. Sí, leyeron bien: $13.500.000 de ingresos por inscripciones. Lógicamente, no resulta posible contabilizar el monto que adicionará a sus arcas (¿sin fines de lucro?) por el sponsoreo, alquiler de stands en la Expo que durarán tres y dos días, en los 21 y 42k respectivamente.

Más allá del importante anuncio (por la promesa de la construcción de la pista de tartán gratuita en Parque Chacabuco) que hicieron en la tarde del jueves último las autoridades a cargo de ambas pruebas, con el aval y la presencia de Luis Lobo, subsecretario de deportes porteño, en la presentación oficial que se realizó en una moderna estación de servicio en la Av. Del Libertador, acaso ¿nadie se preguntó por los premios? ¿A nadie se le ocurrió siquiera consultar por esta problemática que se viene profundizando?

En 2015, todos, y me incluyo, festejamos por la clasificación de Luis Molina para los Juegos Olímpicos de Río 2016. Semejante hecho, trascendente para el atletismo argentino, ¿no hubiera merecido un reconocimiento económico acorde al esfuerzo que realizó el atleta de Lobos?

Vayamos más atrás. En 2014, el triunfo de Mariano Mastromarino le implicó al atleta marplatense una bolsa de $6.000 (unos 714 dólares tomando el valor de la moneda estadounidense en ese momento a $8,40). Resulta irrisorio si se compara con maratones de otras latitudes a las que se dice querer imitar.

Estos dos ejemplos sirven para trazar una radiografía del claro retroceso en el que está sumido el atletismo argentino. Hace varias décadas que los atletas quedan a la buena de Dios, casi como huérfanos indefensos, y luego se los critica por posibles malas decisiones.

Una muestra más del desdén con el que dirigentes destratan a los deportistas a los que deberían proteger, defender y potenciar. Los mismos que actúan como cándidos aficionados que les entregan a sus fondistas calzas con badana para correr en la humedad y el calor de Río de Janeiro. Esos mismos que omiten o callan porque el organizador de las dos carreras más importantes del país no valora el esfuerzo de los corredores de elite y les entregan apenas una copa y una medalla de finisher.

La generosa rentabilidad que producen el maratón y medio maratón de Buenos Aires, una vez más, vuelve a mirar de costado al atletismo. Al mismo deporte que enuncia promover. A dos años de los Juegos Olímpicos de la Juventud, esta triste realidad asusta y preocupa… a unos pocos.

Por Damián Caceres para La Nación

Periodista deportivo especializado en natación, ciclismo, atletismo y triatlón. Fotógrafo y Productor de TV. @mlagattina

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