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Wings For Life World Run Chile 2017: Correr hasta que las piernas no dan más

Correr por los que no pueden hasta que el cuerpo aguante, con la misión de encontrar la cura para las lesiones de médula espinal. Wings For Life World Run con el paso de los años se convirtió en la corrida benéfica más grande e importante del mundo.

De noche en Australia, de día en Brasil; con calor y humedad en Taiwan o con tormenta en Eslovenia. El evento, que el domingo 7 de mayo vivió su cuarta edición, se realizó simultáneamente en 111 ciudades de 58 países y tiene la peculiaridad de innovar en su formato, ya que los runners no persiguen una meta, sino que corren para no ser “eliminados”.

Además de los 155.288 corredores que fueron parte directa, miles se sumaron a través de una APP, recorriendo kilómetros en sus propias rutas, para alcanzar 6.8 millones de euros en donativos.

El argentino Luciano Larín se dio el gusto de ser perseguido por el cátcher car en Santiago de Chile. “Es una carrera diferente, donde la meta no está al frente. Uno está acostumbrado a ver el arco, que de solo imaginarlo –sean 10 o 42K- pone la piel de gallina.  Acá la idea era otra. Luego de correr el medio maratón de Santiago, decidí anotarme en esta carrera que más allá de esta modalidad atípica, tenía un fin benéfico súper relevante. Y además con alcance mundial. Así que me decidí. A través de un calculador puede saber en qué kilómetro el auto catcher me debía alcanzar, así que planifiqué la carrera con el objetivo de llegar a los 30K”, comenta Lucho, que siendo asmático, le costó mucho la adaptación al smog permanente de la capital chilena, donde reside hace cuatro meses.

La corrida comenzó en el Parque O’Higgins, siguió por Calle Beaucheff, bajó por el Club Hípico hacia la Avenida El Mirador, dobló en Abate Molina y finalmente tomó la Exposición hasta llegar a la carretera que lleva a Melipilla, tuvo a la polaca  Dominika Stelmach destruyendo el record femenino por más de dos kilómetros al sumar 68.21K.

“Al principio salís a correr como si fuera un fondo, concentrado en el ritmo y sobrellevar los constantes falsos llanos. Fue la primera vez que corrí 30K sin contar el maratón, porque cada vez que los preparé, mis tiradas más larga eran de 28K. Fue grato superar esa barrera. Cuando te das cuenta que el auto te va a alcanzar comenzás a sentir sirenas atrás, corre la adrenalina.Es raro levantar los brazos al final porque no hay línea de llegada”, reflexiona Larín. “Vas viendo los corredores que se juntan, se saludan. En general cuando terminás y pasas el arco, en una carrera convencional, vas por la medalla y saludás a un familiar que hizo el aguante desde temprano o a los amigos que ya llegaron, pero acá es otra cosa. Te encontrás solo rodeado de otros runners, que iban a tu ritmo, a los que también los alcanzó el auto. Te saludas y felicitas con extraños. Es gracioso el micro de regreso porque todos están contracturados, intentando elongar en ese espacio reducido. A mayor distancia recorrida, más largo se vuelve el viaje de vuelta”, agrega el fondista que posee un PB en maratón de 3:25.

Además de los 155.288 corredores que fueron parte directa, miles se sumaron a través de una APP, recorriendo kilómetros en sus propias rutas, para alcanzar 6.8 millones de euros en donativos.

Si bien Aron Anderson, de Suecia, marcó un record en silla de ruedas al recorrer 921.14K, y el polaco fue quien recorrió la mayor distancia (88.24km), todos se llevan el premio de ayudar por igual.

Productor, guionista, periodista. Preparador Físico especializado en entrenamiento a distancia. @jpcalvi

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