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[TURISMO] 12 lugares imperdibles de Nueva York

Se viene una nueva edición de la Maratón de Nueva York, y la mítica isla de Manhatan dispara una innumerable cantidad de opciones turísticas para disfrutar.

Para antes o después de la carrera, aquí te mostramos algunas alternativas, obviando las que los fanáticos del running de por si ya van a visitar, como las tiendas de ropa deportiva de cada una de las marcas, la expo de la carrera o el Central Park, lugar obligado para hacer un trote en la previa.

Buena carrera para todos!

1. Brooklyn Heights

Brooklyn está de moda. Fue el primer suburbio de Estados Unidos y allí vivieron intelectuales y escritores. La mejor manera de llegar a Brooklyn Heights es caminando por el paseo costero. Un dato: quien tenga pensado pasar el 4 de julio en Nueva York, esta pasarela de 500 metros, inaugurada en 1950, es perfecta para ver los fuegos. Cranberry, Willow, Hicks: calles arboladas, con edificios de ladrillo elegante y gastado construidos en las primeras décadas de 1800. En Montague St. hay tiendas, restaurantes y cafés para una pausa.

2. Central Park

Los newyorkers viven en departamentos mínimos. Si bien cada barrio tiene su parque, el Central Park es la referencia, casi un cuarto más de la casa cuando el tiempo lo permite. Running, picnic, lectura, fotos de boda, una caminata por Strawberry Fields -nombrado en honor a John Lennon que vivía cerca, en el edificio Dakota-, música, escenas de película, besos bajo un cerezo, cada habitante se apropia del Central Park a su manera.

Plantado entre el Upper East y el Upper West, tiene 341 hectáreas y 150 años de historia: fue el primer parque público de Estados Unidos. Una hora en bicicleta (u$s 9) alcanza para un pantallazo. Las bicis se alquilan cerca del Boat House que, a propósito, tiene un brunch muy bueno los fines de semana.

3. Chinatown

El Chinatown de Manhattan tiene alma de pulpo: si bien las calles principales están al Sur de Canal y al este de Broadway, también hay negocios, restaurantes y supermercados que se asoman en el vecino Lower East Side. Y en Little Italy, que se ha ido encogiendo y da la impresión de que de un momento a otro se la comerán con palitos. Chinatown conforma la comunidad más grande fuera de Asia. Imposible no comprar en Chinatown: joyas, carteras Louis Vuitton y Prada a veintitantos dólares y lólex, que no son otra cosa que Rólex truchos. Las pescaderías son un lujo y los supermercados, un museo vivo de la cultura asiática. En Chinatown hay más de 200 restaurantes, donde comer los famosos dumplings de cerdo o el pato laqueado. A propósito, algunos creen que aquí es donde vienen los patos del Central Park en invierno.

4. Dumbo

El nombre de este barrio no tiene nada que ver con Disney. Dumbo quiere decir Down Under the Manhattan Bridge Overpass y se refiere al distrito neoyorquino que está justo del otro lado del Puente de Manhattan. Es un barrio antiguo, con fábricas de ladrillo de la época en que no existía el puente y se cruzaba el East River en ferry.

Los fines de semana suele haber ferias de arte y negocios que venden samples o muestras de ropa sin etiqueta pero de marca. ¿Una pausa? Pruebe las tartas de Grimaldi’s (19 Old Fulton St). Cerca, entre los dos puentes, el de Manhattan y el Brooklyn, se extiende el Empire-Fulton Ferry State Park, un área verde a orillas del río, con vistas espectaculares del skyline de Manhattan. Debajo del Puente de Manhattan encontrará el mejor setting para un picnic de primavera. De postre, una pâtisserie en Almondine (85 Water St.), de las mejores panaderías de la ciudad. Se puede caminar hasta el Puente de Brooklyn, desde donde se ve el Financial District, hermético, vidriado, alto.

5. El Puente de Brooklyn, al atardecer

Cuando se inauguró, en 1883, fue el puente colgante más largo del mundo. Tiene casi dos kilómetros de largo y, cada día, lo utilizan 150 mil autos, 1.200 bicicletas y 2.500 peatones. Fue diseñado por el ingeniero John Augustus Roebling y se construyó en un momento de apogeo sin igual de Brooklyn: era la tercera ciudad más grande de Estados Unidos y se necesitaba un puente que la conectara con Manhattan. La aclaración de hacer la caminata al atardecer es por la luz y porque a esa hora la población que lo atraviesa es más heterogénea. No son únicamente turistas, como durante el día, sino también locales que regresan a su casa en Brooklyn o que salen a correr o en bicicleta. Atención: el carril de los ciclistas es muy respetado. Después de cruzar la torre neogótica, en Brooklyn, puede llegar caminando a Dumbo. Si ya es hora de cenar, un recomendado: The River Cafe, con una vista increíble.

6. La Quinta Avenida, tres recomendados

Los que ya fueron seguramente tendrán lugares. Durante muchos años, fue un lugar turístico fundamental. Hoy, ya no tanto. La segmentación por gustos y afinidades es lo que más sale. Pero, seguramente, en algún momento, camine por la Quinta. Cuando pase entre la 49 y la 59 por lo menos péinese: es la zona comercial más cara del mundo. El metro cuadrado cuesta más de 16 mil dólares.

Antes de cruzar la 50, el Rockefeller Center, un clásico para patinar en invierno y disfrutar los canteros de flores en primavera. Grandes vistas de la ciudad, el Hudson y el Central Park desde Top of the Rock, en el piso 70 (u$s 21). En diagonal y rodeada de edificios, St. Patrick’s fue la primera iglesia de la ciudad y es la iglesia católica más grande del país. En la 42 y la Quinta, la Public Library, un lugar para tener en cuenta. También, hay acceso a Internet sin costo, algo curiosamente difícil de encontrar en la Gran Manzana. A la salida, un desvío verde: Bryant Park.

7. Times Square

Aquí, el último no apaga la luz. El mítico cruce de Broadway y la 7ª brilla las 24 horas. Durante años tuvo mala reputación, pero después de la limpieza del alcalde Giuliani y el estreno del musical de Disney, El Rey León, se ha convertido en un lugar turístico sin igual. Por momentos es difícil avanzar por la cantidad de gente y las vidrieras con descuentos. Las publicidades tamaño extra large de los musicales se pelean, en definitiva, por uno, para que su cartel venda más entradas.

Desde lo alto de la gran escalera roja se logran vistas del conjunto luminoso, que tiene su punto culminante cada 31 de diciembre, cuando se reúnen más de 300 mil personas a recibir el Año Nuevo. Debajo está la ventanilla de TKTS, el lugar donde conseguir tickets con descuento para los shows de la misma noche. Suele haber cola pero no tanta. Es bueno comprarlos temprano porque los musicales empiezan a las 19, en el vecino distrito de los teatros.

8. Empire State, vista nocturna

La mejor vista de la ciudad, desde el piso 102 del Empire State (u$s 15). Después de distinguir varios edificios, los ríos, los puentes, la geografía aparece la imagen de la gente. Las millones de luces encendidas me recordaron algo que escribió E. B. White sobre Nueva York, en 1949. Él dice que hay vagamente tres ciudades: una, de los nativos; otra, de los commuters (los que cada día vienen a trabajar desde los suburbios y se vuelven) y la última, de los que nacieron en otra ciudad y llegaron a Nueva York en busca de algo. Según White: “Los commuters le dan a la ciudad su inquietud inagotable; los nativos le aportan solidez y continuidad; pero los colonos le dan pasión”.

9. Tarde en el SoHO

De zona fabril y peligrosa, se transformó en barrio imprescindible. Todavía quedan fábricas de ropa, pero la mayoría de los viejos depósitos fue reciclada y ahora se usan como oficinas de sellos de música, estudios de diseño y publicidad. En el SoHO hay negocios, restaurantes, buenos cafés, como el Habana (17 Prince St.), y está McNally Jackson, una librería independiente para quedarse un rato largo (tiene una completa sección de libros en español en el subsuelo). Hace tiempo que se instalaron GAP, H&M, Mango y la japonesa UNIQLO, entre otras cadenas. Pero también hay tiendas con encanto. Agent Provocateur, la marca inglesa de lencería de lujo, fundada por Joseph Corré, hijo de la famosa diseñadora Vivienne Westwood, es una de ellas.

10. MOMA

En NYC las decisiones se toman minuto a minuto. Después de estudiar el plano del Museo de Arte Moderno, el fallo: pasaré la tarde en los pisos 4° y 5°. Los folletos dicen que hay pintura y escultura desde 1840 a 1970. En la sala 20 del cuarto piso hay un cuadro de Jackson Pollock que se llama Number 31 y fue realizado en 1950. Del quinto piso fue difícil salir. Estaba cansada, me dolían los pies. Pero no había manera: Picasso, La gitana dormida, de Henry Rousseau y Giacometti me tironeaban de los brazos. La noche estrellada, de Vincent Van Gogh, no estaba en el museo. Según informaba un cartelito, se encontraba de gira por Ámsterdam, como una banda de rock. Hasta abril de 2010, una muestra temporaria sobre el genial Tim Burton. Martes, cerrado.

11. The Blue Note

Desde que abrió en 1981, el mejor jazz del mundo pasa por The Blue Note, el club nocturno de Greenwich. Un martes de mayo, un jueves de octubre, cualquier día del año es posible ver grandes músicos en vivo. También hay noches donde se presentan nuevos talentos locales, que seguro son buenos. El lugar no es demasiado grande y se ve bien desde todos lados. Igual, conviene llegar con tiempo antes porque se llena. Según el artista invitado, la entrada cuesta entre u$s 10 y u$s 40 parado en la barra, y de u$s 35 a u$s 65 en una mesa. No es barato, pero el show es excelente. Los tragos son buenos y la comida no es gran cosa.

12. Grand Central Station

Podría ser un lujoso hotel de París, pero es una estación de trenes por donde cada día pasan 400 mil personas. De fachada clásica y techos altísimos, Grand Central (43 y Lexington Ave.) fue inaugurada en 1912, después de diez años de construcción. Las lámparas, los relojes y dos águilas de hierro, todos los detalles son monumentales. Si no le alcanza con mirarlos, puede sumarse a un tour gratuito para explorarla en detalle, los miércoles y viernes, a las 12:30. Un dato curioso: las constelaciones pintadas en el techo fueron hechas para ser vistas desde arriba. Cuando salga de la estación, mire hacia la izquierda y se encontrará con el Chrysler (405 Lexington), uno de los edificios más lindos de la ciudad y un monumento al art déco. En el barrio también está otro grande del siglo pasado, el hotel Waldorf Astoria.

Via: lugaresdeviaje.com

 

 

Periodista deportivo especializado en natación, ciclismo, atletismo y triatlón. Fotógrafo y Productor de TV. @mlagattina

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